UDIO aplicación basada en acuerdos de licencia

Udio prepara Starstruck, una aplicación basada en acuerdos de licencia

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Vía Tempo&Stomp

Según las últimas noticias, Udio prepara una nueva aplicación basada en acuerdos de licencia con algunos de los principales titulares de derechos Starstruck sería una aplicación orientada a consumidores que permitiría generar covers, remixes, reimaginaciones o nuevas creaciones asociadas tanto a artistas como a obras concretas.

El movimiento se sitúa en la misma línea que el reciente acuerdo entre Spotify y Universal, según el cuál los suscriptores premium de la plataforma podrán crear covers y remixes con IA, o las nuevas tendencias de los consumidores en TikTok.

Estas noticias apuntan que la IA generativa en el ámbito musical empieza a moverse junto con la industria hacia modelos licenciados de interacción y monetización del fan, pero con preguntas todavía abiertas sobre trazabilidad, consentimiento, reparto y control efectivo por parte de autores, artistas y músicos.

¿Qué cubren realmente los acuerdos de licencia?

Una de las cuestiones fundamentales del modelo que plantea Udio/Starstruck es que el contenido generado por los usuarios de la aplicación no sería de su propiedad, sino del titular de derechos correspondiente. Esto significa que el usuario pagaría una suscripción por crear y modificar contenido que se escucharía dentro de la propia aplicación, inicialmente sin posibilidad de exportarlo o distribuirlo fuera.

Como principal limitación, aunque Starstruck está pensado para atribuir y monetizar el repertorio que el usuario selecciona de manera expresa (artista y canción concretos), a falta de más detalles, no resolvería la cuestión relacionada con la trazabilidad a nivel de modelo con respecto al entrenamiento.

Es decir, quedaría pendiente ver cómo se va a tratar la identificación de las potenciales influencias en el resultado final de aquellas obras utilizadas en el entrenamiento del modelo que no han sido mencionadas directamente por el usuario.

Como contexto, cabe recordar que Udio ha cerrado acuerdos de licencia con Universal Music Group, Warner Music Group, Merlin, Kobalt y Believe, mientras que Sony Music mantiene abierto su litigio con la compañía

A nivel de industria, hay dos cuestiones fundamentales que se plantean.

  • En primer lugar, la duda sobre cómo responderán los consumidores. Actualmente el uso de plataformas de música con IA generativa sigue siendo minoritario, aunque es cierto que los primeros usuarios de este tipo de plataformas tienen comportamientos parecidos a los superfans en cuanto a la mayor propensión a pagar suscripciones, asistir a conciertos o interactuar con el contenido generado por otros fans/consumidores.
  • Por otro lado, surge la duda sobre si el modelo de ingresos basado en la suscripción funciona para un modelo de negocio como el de Starstruck. En general, la actividad de este tipo de consumidores no siempre responde a una lógica mensual estable sino que funciona mejor alrededor de momentos o picos concretos como lanzamientos, giras, aniversarios o fenómenos virales puntuales.

Trazabilidad, consentimiento y remuneración: lo que sigue abierto

Para los compositores, artistas y músicos, se abren cuestiones adicionales. Una de las fundamentales no es solo si estos modelos cuentan con licencias, sino qué cubren esas licencias y qué implicaciones concretas tienen para ellos en términos de consentimiento, usos permitidos o remuneración.

  • Starstruck apunta hacia una nueva categoría de funcionalidades comerciales basadas en IA generativa articuladas mediante acuerdos con los grandes titulares de derechos.

    A nivel de modelo de negocio, el principal dilema está en el equilibrio entre el control del contenido y la difusión del mismo. Un entorno cerrado puede facilitar licencias y control de los grandes titulares frente a usos no autorizados, pero también limita la posibilidad de compartir, comentar y viralizar las creaciones en redes sociales o plataformas. Y precisamente esa difusión social es una parte esencial del valor de los covers, remixes y contenidos creados por fans.
  • La existencia de acuerdos de licencia entre algunos de los principales desarrolladores de estos modelos (en este caso, Udio), y los grandes titulares de derechos no resuelve por si misma las preguntas centrales para los artistas y músicos.

    Es imprescindible dilucidar cómo se reparte el valor generado por este tipo de servicios, qué capacidad real tienen los artistas para decidir sobre el uso de su identidad artística y en qué posición quedan los músicos de sesión. 
  • Adicionalmente, queda pendiente determinar qué ocurrirá con la limitación latente de cómo tratar la identificación de las potenciales influencias en el resultado final de aquellas obras utilizadas en el entrenamiento del modelo.

    En este sentido, el debate es más amplio: si no es posible determinar con precisión qué parte del valor de cada resultado procede de cada obra, grabación o interpretación utilizada en el entrenamiento, diseñar un sistema de remuneración que dependa únicamente de la atribución individual de cada output es prácticamente imposible.

    Por tanto, como alternativa merece la pena explorar mecanismos colectivos vinculados al valor que el conjunto del repertorio aporta al modelo.
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